Satisfacción y cautela: el Gobierno celebra la llegada de la vacuna rusa pero le preocupa una segunda ola de coronavirus

En la Casa Rosada monitorean de cerca el crecimiento de los casos de COVID-19. El arribo de las dosis provenientes de Moscú generó alivio después de una semana marcada por la incertidumbre sobre la efectividad de la Sputnik V.

“Los hechos matan los relatos”. Así definió uno de los ministros involucrados en el operativo de vacunación el momento que vive el gobierno nacional por estas horas, en las que la vacuna dejó de ser un anhelo para convertirse en una realidad. Este jueves 300 mil vacunas Sputnik V llegarán a la Argentina y el Gobierno pondrá en marcha un mega plan de vacunación.

Cuando el Airbus 330-200 de Aerolíneas Argentinas aterrice en el Aeropuerto de Ezeiza se concretará un logro destacado en la gestión de Alberto Fernández. Argentina se convertirá en uno de los primeros países del continente en comenzar a vacunar. Estados Unidos el que dio el puntapié inicial, Chile y México iniciarán hoy el proceso.

En el Gobierno están aliviados con el arribo de la vacuna rusa. Es un pequeño triunfo en el final de un año donde, según reconoce Fernández, tuvieron que caminar en el lodo. Gestionaron una pandemia generada por un virus desconocido y fortalecieron un sistema de salud que arrastraba deficiencias estructurales desde hace décadas. Los resultados sanitarios son discutibles. Argentina estuvo entre los 10 países con más muertes por millón de habitantes.

En el Comité de Vacunación, que integran Santiago Cafiero, Ginés González García, Eduardo “Wado” De Pedro, Agustín Rossi y Sabina Frederic, la sensación fue de relajación. Atravesaron siete días días enredados por la incertidumbre sobre el futuro de la vacuna rusa, la gestión de la autorización de ANMAT y los detalles finales de la logística. Las faltas de certezas los expusieron frente a una sociedad que después de nueve meses de pandemia necesita respuestas concretas que definiciones de escenarios posibles.

Una semana atrás el presidente de Rusia, Vladimir Putin, dijo que aún no se había puesto la vacuna porque no estaba recomendada para mayores de 60 años. La declaración fue una bomba que cayó en el Patio de las Palmeras, en el corazón de la Casa Rosada. Descolocó al Gobierno. Fernández había omitido la información en público y sus ministros también. Quedaron en off side.

La vacuna Sputnik V aún sigue sin estar recomendada para mayores de 60 años. Tal es así que la ANMAT, dentro de la aprobación de emergencia que realizó, lo hizo solo para personas entre 18 y 59 años. El Presidente aseguró en el mediodía del miércoles, durante una charla informal con periodistas acreditados, que se iba a colocar la vacuna. Según el ministerio de Salud el lote de 300 mil dosis que llega hoy solo se usarán para el personal sanitario que no pase las seis décadas.

La duda es cuándo se la colocará el jefe de Estado. Está claro que su intención es generar un acto simbólico que marque el inicio de un extenso cronograma de vacunación, pero su discurso está disociado de la información que brinda la cartera de Salud y que Eduardo López, uno de los infectólogos que lo asesoran, confirmó en la puerta de la Casa Rosada que la Sputnik V aún no se usará en mayores de 60 años.

Más allá de los tiempos de vacunación del Presidente, lo realmente importante es que el personal de salud comenzará a vacunarse en las próximas horas. Fernández se comunicará con los gobernadores el sábado y de allí saldrá la decisión sobre que día arrancar en simultáneo en los 24 distritos del país. Lunes o martes son las opciones.

El ministerio Salud enviará el 50% de las dosis este fin de semana y el otro 50% el próximo. La intención es ajustar los tiempos de la logística de aplicación y la distribución. Hay 700 mil personas que son parte del personal sanitario. Entre las primeras dosis y las 5 millones que llegarán en enero serán vacunados todos

La primera dosis de la vacuna rusa generará el 75% de los anticuerpos. La segunda deberá darse a partir del día 21 y hasta el día 60. En esa ventana es el tiempo en que las personas deben volver a vacunarse para completar el ciclo. En esa segunda inyección se completará el 92% de efectivad que tiene la Sputnik V.

El plan más ambicioso que tiene el Gobierno es vacunar a 15 millones de personas antes de que culmine marzo. En ese grupo están el personal de salud, las fuerzas de seguridad, los docentes, los mayores de 60 años y las personas de entre 18 y 59 años con enfermedades prexistentes. Cinco millones de dosis aplicadas por mes. Un desafío logístico que expondrá, nuevamente, la capacidad de gestión del Frente de Todos.

Ese puñado de datos que definen el cronograma de vacunación son los que generan más entusiasmo dentro de la Casa Rosada. Sobre todo porque se logró cumplir con una promesa de Alberto Fernández, que había asegurado que la vacuna llegaría antes de fin de año. Un pequeño partido ganado.

En diálogo con Infobae, la ministra de Seguridad, Sabina Frederic, lo dejó en claro. “Se vive con satisfacción porque se logró lo prometido. El Presidente cumplió con su palabra. Lo importante es entender que esto no significa que superamos la pandemia. No se pueden abandonar los cuidados”, explicó.

Sin embargo, la alegría de las últimas horas está contenida por la cautela que los funcionarios, y el propio Presidente, quieren imprimirle a este nuevo tiempo de pandemia. Fernández está preocupado por el aumento de casos en todo el país y por el descontrol que vio en los centros comerciales, los bares y los restaurantes durante los últimos días. Las fotos y los videos muestran a una sociedad desconociendo la gravedad de la pandemia y el contexto actual de crecimientos de casos.

En los países limítrofes los casos de COVID-19 comenzaron a aumentar. A ese crecimiento de la curva de contagios se le agregó en los últimos días la confirmación de Gran Bretaña sobre una nueva cepa de coronavirus, lo que obligó al Gobierno a tomar medidas restrictivas para el ingreso y egreso de los argentinos y extranjeros. Los pasos fronterizos se endurecieron otra vez y la agenda de la pandemia volvió a estar arriba del escritorio de Fernández.

Un funcionario con despacho en Balcarce 50 graficó los sentimientos del Gobierno por una nueva marcha atrás en el control de las fronteras, pero el logro conseguido que implica la llegada de la vacuna rusa. Emociones encontradas que las definió en tres oraciones: “En este drama mundial que es la pandemia no hay lugar para el exitismo. Todas la previsiones cambian permanentemente. Es una buena noticia que lleguen las vacunas, pero hay que ser prudentes”.

En otra oficina de la Casa de Gobierno desinflaron el triunfalismo que había quedado expuesto en la partida del avión a Rusia, donde la tripulación llevaba un barbijo con la inscripción “Operación Moscú” y el oficialismo lo comunicó con más relevancia de la que tenía. “No hay euforia. Ni hay que tirar la casa por la ventana. Satisfacción y cautela. Eso es lo que se está viviendo”, explicaron.

El temor principal del Gobierno pasa por un posible rebrote. La llegada de la segunda ola de coronavirus, como ya sucedió en Estados Unidos y Europa, y el mal comportamiento de la sociedad, que es un factor determinante para que los contagios vuelvan a multiplicarse a toda velocidad.

Las decisiones del Presidente en materia sanitaria tuvieron un alto costo político durante el año. La mayoría de la sociedad, según los relevamientos de las principales consultoras del país, ya no aprueba la gestión de la pandemia. Un escenario diametralmente opuesto al de mayo y junio, cuando la mayoría de los argentinos respaldaban cada paso de Fernández y su apertura al diálogo con la oposición. Por eso una segunda ola que opaque el plan de vacunación se convertiría en el nuevo talón de Aquiles de la gestión.

Hasta el momento no hay definiciones sobre nuevas medidas restrictivas. Pero el aumento de contagios y las imágenes que exponen un comportamiento social fuera de control obligarán al Gobierno a tomarlas en el corto plazo. Fernández acepta la dificultad que implica que la gente cumpla con un retroceso de las libertades, por eso estira la decisión y espera no tener que tomarla.

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