Crimen en Villa Gesell: una radio, el único contacto de los rugbiers con el exterior

Más de un mes después del crimen de Fernando Báez Sosa ​ (18), en el penal de Dolores donde están detenidos los rugbiers acusados de matar al joven en Villa Gesell todavía mantienen su pacto de silencio. “Hasta el momento, ninguno se ha quebrado y todos han rechazado el apoyo espiritual”, aseguran las fuentes.

“Algunos piensan que tienen la posibilidad de que les otorguen la prisión domiciliaria”, señalan, y explican que es probable que bajo esta premisa el grupo se mantenga inquebrantable.

Los rugbiers permanecen vigilados por una custodia durante las 24 horas, sin contacto con el resto de la población carcelaria, ni permiso para circular por el penal como suelen hacer otros reclusos. Su vínculo con el mundo exterior, más allá de las visitas de familiares, es mínimo: en el espacio que comparten entre ocho todo lo que tienen es una radio. Pese a los días de intenso calor que hubo en febrero, ni siquiera cuentan con un ventilador.

En el penal hacen una interpretación sobre el rechazo al apoyo espiritual, pese a la situación en la que se encuentran. “Todavía no les ha caído la ficha. Por lo general, reciben esta ayuda los que ya son conscientes de la realidad que afrontan”, apuntan. Sin embargo, el efecto de vivir encerrados por más de un mes, lejos de la vida que llevaban, comienza a hacerse sentir y “están asustados”.

El jueves 27 de febrero, tanto Lucas Pertossi (21) como Ayrton Viollaz (20) solicitaron asistencia psicológica y psiquiátrica por las condiciones en las que pasan sus días en la cárcel de Dolores. Así argumentó el pedido su abogado, Hugo Tomei, ante el juez de Garantías de la ciudad de Dolores, David Manicelli. El lunes, primer día hábil de marzo, los dos recibirán a un especialista para sus primeras entrevistas como pacientes.

El lugar en el que los acusados se alojan juntos está entre los pabellones 9 y 10 de los evangelistas, grupo al que en el ambiente carcelario apodan “Los hermanitos”. No parece casual. “Ahí no suele haber disturbios. Incluso les han ofrecido comida”, señalan.

Antes, el 19 de febrero, los acusados se habían negado a declarar frente a la fiscal Verónica Zamboni. “Me mentiste en la cara, mientras vos seas la fiscal no voy a hablar del caso”, sostuvo en esa oportunidad Máximo Thomsen, uno de los implicados que está más comprometido. Sin embargo, el juez ratificó a Zamboni para que siga investigando en la causa.

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